domingo, 15 de febrero de 2015

RECUERDOS: AÑO 2000, ¿CUÁL "DEFENSA DE LA VIDA"?



¿CONTRA EL ABORTO?*
X victoria aldunate
Cuando los supuestos defensores de la vida, muchos de los cuales fueron cómplices de desaparecimientos y torturas durante 17 años,hablan de la pastilla del día después –que agradezco haber podido usar cuando fue necesario- o del aborto –que asumí como una decisión compleja por un lado y por otro, como una posibilidad de elegir mi maternidad- comienzan con aquella frase manoseada sobre “la defensa de la vida”, bueno, qué decir, no me extraña tanto, pero, la verdad, suenan patéticos.

Dicen que defienden la vida del huevo y el embrión, la vida de una guagua que pudo ser, “de un ser que no tiene culpa de nada”, afirmación de la que se desprende que los que tuvieron sexo y sobre todo ella (nosotras) la mala mujer que se desnudó, sí que tiene culpa, y ¡cuánta!. Culpa de tener ganas de acostarse por ejemplo, de haberse olvidado de la pastilla esa noche, de haberse pasado la película que con el ‘coito interruptus’ no pasa nada, de no tener plata para condones, culpa incluso de que halla fallado simplemente el método de anticoncepción que estaba usando porque ninguno es 100 % infalible.
En fin, así va la mano, de la supuesta “defensa de la vida” se deriva a la culpa y de ahí fijo a la suciedad del sexo y del cuerpo. Más adelante ya pueden sacar los látigos y autoflajelarse – es como una regresión medieval que les viene, ahora que está tan de moda-.

Por el “otro” lado político, los que no han tenido agallas para hablar del aborto con todas sus letras, le rebaten tímidamente al Opus. Le replican que “puchas, que qué se le va a hacer”, que no todo el mundo tiene para darles paquetes de mercadería a una multitud de hijos cesantes como lo hace Lavín, qué las mujeres pobres... y ya cuando se ven en apuros, les salen con eso de: “imagínese Ud. señora Cristi” -y ahí vamos con el látigo de nuevo- “si su hija fuera violada, ¿usted no querría que abortara?”. A lo que consabidamente ella responderá que “¡Por su puesto, que no!, ni aunque la violara un negro, que el niño no tiene culpa (nuevamente) de nada”. En este caso, y bien intencionadamente, podríamos pensar que están hablando de la culpa del violador, pero no sé, a veces lo dudo, y me parece oler la culpabilización a aquella que lo ‘provocó’.

¿En “defensa de la vida” de quién?
La cosa es que señores que no quedaran jamás embarazados sin desearlo -ni deseándolo- y señoras que extrañamente no tienen 10 hijos en 20 ó 30 años de vida sexual activa, alegan en su discusión: “la defensa de la vida”. La pregunta que asalta es ¿de la vida de quién?. Y es que es evidente que hay una vida de la que se olvidan, y es la vida de la mujer con un embarazo no deseado a cuestas. Ellos no la defienden, atentan contra el derecho humano de millones de mujeres chilenas a decidir su destino. Ellos reducen a la mujer a un depósito de fetos. Un gran vientre, eso somos para ellos.
Las 300 mil vidas de las mujeres que abortan anualmente en Chile, las 500 vidas de las mujeres que abortan diariamente, no son vidas que defender para ellos. Las más de 200 mil guaguas que nacen sin ser deseadas anualmente, muchos de las cuáles irán siendo malamente abortadas (maltratadas física o psicológicamente) luego de nacidas, cuando ya tienen un cuerpo independiente y una identidad propia en un país puntero en maltrato infantil, son vidas que ellos, los Opus y los otros, necesitan forzar a nacer para quedar con su inquisidora consciencia tranquila:  

-“Listo”- dicen, tranquilos de haber cumplido con su función guardadora de su moralina.
-“Listo, ahora que esas mujeres pecadoras y esas guaguas de población se las arreglen como puedan entre el barro y la basura de sus campamentos”
-“Que vean como hacen en sus villas de subsidio y sin pega”
-“Si donde comen 3 comen 5, si vas para Chile”- eso lo cuentan en Miami.
-“Si total, la mujer chilena es sacrificada pues oye”- Dicen que lo saben por sus empleadas.

Bueno, tal vez exagero en mi resentimiento de clase. Estoy segura que las señoras del Opus le regalarán una ropita vieja para la guagua a la mujer obligada a parir. Incluso sostienen casas de acogida para adolescentes embarazadas, las tienen ahí durante los 9 meses, después chao, si te he visto no me acuerdo, y la mujer adolescente debe llevar sola su vida y otra vida más a cuestas, por los siguientes 15 o 20 años.

Las Mujeres que abortan en Chile
Guillermina señaló en una entrevista que había ingresado al hospital San Juan de Dios en Septiembre de 1994 por un aborto. Mientras una doctora practicaba el legrado (o raspaje) la profesional le señaló que "no se quejara y mucho menos hiciera teatro" respecto de sentir dolor. Todo el procedimiento fue hecho de forma brusca y dolorosa.

Irma, quien en 1990 entró con un severo shock séptico al mismo hospital, señaló que lo primero que recibió fueron insultos. Esta mujer relató además que el hombre que hacía el aseo de su habitación la sometió a agresión verbal mientras estuvo en la sala de aislamiento bajo custodia de Gendarmería.

A Flora de 28 años, dueña de casa le tomó un mes juntar los 4 mil pesos que le cobraba la comadrona en 1991. Tenía dos hijos, uno enfermo de parálisis. Lo que su marido ganaba se gastaba en el tratamiento de su hijo. La Defensa pidió absolución por "fuerza irresistible" por la enfermedad de su hijo y exiguo salario del marido. El juez lo rechazó porque "si bien es interesante el aborto miserable en otros países" acá no, dijo. “Y no hay pruebas que el marido no le fuera a dar dinero para mantener al nuevo hijo porque cuando la mujer le mencionó el hecho a su conviviente, este aceptó, por lo tanto la apoyó con su conformidad".  

88% de las mujeres que abortan son denunciadas por los hospitales, 11% por sus parientes, convivientes, vecinos, empleador, el 1 %, se entrega. El ex-conviviente de una mujer, quien participó de la decisión de interrumpir un embarazo, posteriormente utilizó su conocimiento del hecho -que no tuvo complicación médica alguna- para chantajear a la mujer a objeto de que volviera con él luego de una separación. Después de una ardua discusión judicial por la custodia de tres hijos menores, el hombre la denunció por el aborto ocurrido meses antes.

La fuente de estos testimonios e historias son del libro de una mujer libertaria, la abogada Lidia Casas, "Mujeres Procesadas Por Aborto" y del Foro Abierto De Salud Y Derechos Reproductivos de Chile (1996), y en ellos queda al descubierto el espíritu del Opus Dei, la UDI, y todos los demás, es el mismísimo espíritu de la doctora que hizo el raspaje a Guillermina, del aseador que humilló a Irma, del Juez que condenó a Flora y del exconviviente despechado que denunció a su mujer por aborto,  es el espíritu inquisidor y culpabilizador de quienes están en contra de la píldora del día después y del derecho a decidir sus embarazos de las mujeres. 

Ellos no defienden la vida sino que juzgan, prejuzgan y quitan el derecho a decidir su destino a miles de mujeres chilenas.
Victoria Aldunate Morales

* Este artículo fue publicado en el peiódico de papel "La Firme" en el año 2000

No hay comentarios:

Publicar un comentario